10 años de Hora de Té&Libros – Primera parte: La teína no existe

La mala costumbre, Alana S. Portero

Si en algo noto que voy siendo mayor es en que se me caen los paradigmas con una facilidad pasmosa. Primero en el Parque de las Ciencias con eso de que las aves son dinosaurios y que no se extinguieron del todo. Y ayer, María Palacios, somelier de té, nos informó de que la teína no existe, que es puro marketing. Como podréis imaginar, las lectoras que llevamos ya 10 años compartiendo historias, nos quedamos ojipláticas ante esta explosión informativa. De hecho, pasó un camión por la avenida Cervantes, junto frente a la librería Un mundo feliz, donde nos juntamos en el club de lectura Hora de Té&Libros, y el suelo vibró. Por un momento, dudaba en si era un terremoto o era el temblor provocado por la caída del «edificio de telarañas que, en el minuto más altanero de la historia de la humanidad» (Nietzsche), yo, otra mortal y soberbia unidad de esa especie, había vuelto a construir, esta vez sobre la romántica idea de que el té es mejor, más sano y menos excitante que el café.

«Puro marketing», dijo María Palacios. Lo único que existe es la cafeína, que no es ni más ni menos que un mecanismo de defensa de las plantas, que ante el ataque de algún insecto, segregan esa sustancia para hacerles pasar un mal rato y que no vuelvan. ¡Fíjate tú! Y los seres humanos entrando en guerra por controlar la producción y distribución de estas hierbas. Ahora que, durante estos 10 años, siempre nos han acompañado bien y han maridado con nuestras novelas, poesías o cómics.

Este es otro signo de que el tiempo va pasando porque ya no celebro por años sino por décadas. Lo cual en este caso es toda una alegría. Algunas de nosotras hemos pasado ya por muchos espacios, librerías y otros, como ferias, coworking y hoteles rurales. También hemos compartido muchas lecturas, de distinto tipo, largas y cortas, espesas o ligeras, aunque debemos confesar que nos gustan los desafíos.

El jueves 23 de octubre, celebrando con esta ceremonia del té (sin teína), comentamos La mala costumbre, de Alana S. Portero. En esta historia de transición de género, pero también de transformación social y de humanidad y ternura, vimos lo doloroso que puede ser un proceso de aceptación y de confirmación de la identidad. Podemos acordar que en la actualidad crece la visibilidad de las personas trans (creo que a estas alturas del partido no es necesario recordar que siempre ha habido personas trans como siempre han existido mujeres libres, solo que el patriarcado las ha “castigado” como dice Alana, las ha erradicado en muchos casos de la manera más violenta y las ha convertido en un tabú). Aún queda mucho camino (y con gobernantes fascistas la cosa se complica) para poder romper el binarismo y vivir en paz con todas las diferencias que podrían enriquecer una sociedad humana diversa y maravillosa.

¡Esa sí que sería una caída de paradigma que me gustaría celebrar! Ahí tendríamos que ir a los bosques salvajes de Taiwan a recolectar el mejor té con el maestro de María Palacios. Sueño con un mundo en el que no necesitemos encajar a las personas en ceros y en unos. Alana S. Portero tiene La mala costumbre de llorar en privado. Aunque a veces pudo llorar “bonito y largo, hasta que no quedó una lágrima por purgar”. Todas las lectoras coincidimos en que hemos leído un texto bien escrito, donde se predomina la ternura y la belleza, a pesar de transitar pasajes terribles, violentos y dolorosos. El punto de vista y las escenas que elegimos destacar en la narración, así como en nuestras vidas, puede llegar a cambiar la misma historia que queremos contar.

En estos 10 años (y en los que vengan, que ojalá sean muchos y en paz), nos hemos esforzado por mantener un espacio seguro, libre y donde el juicio quede suspendido para crear las condiciones de posibilidad de cambiar nuestras creencias. ¿Quieres reflexionar conmigo, amiga, un segundo? Si crecí pensando que los dinosaurios se habían extinguido y ahora resulta que cada mirlo, cada paloma, cada urraca que veo a diario en la ciudad es un descendiente directo y, en este sentido, un dinosaurio… ¿tan difícil es pensar en un mundo donde los límites de género sean menos estrictos, más amplios y con mayor cabida para la felicidad y realización de todas las personas? O con el ejemplo de ayer: si cuando bebes té, estás pensando que te afecta menos porque tiene teína y, finalmente, es cafeína compensada por otras sustancias, pero cafeína al fin y al cabo, ¿no será que no eres intolerante al café sino que necesitas probar más bebidas, combinarlas de otras maneras y así disfrutar de lo que te gusta sin restricciones ni autoboikots?

La mala costumbre que no nombra pero que leemos en historias como esta, no es tanto llorar a solas, como vivir a ciegas creyéndonos que andamos con los ojos abiertos. Sobrevivir en la máscara es una opción, desde luego. ¿Quién puede culpar a quien quiere vivir? Y lo personal es político, of course. Aunque siempre he intentado proteger el espacio del club de lectura de la miseria con la que se tratan temas políticos, de los lugares comunes que vacían el efecto transformador de las palabras, de los clichés y de las respuestas automáticas que no nos dejan avanzar…. eso no significa que nuestro espacio esté alejado de la política. Asociadas como mujeres con interés en leer a mujeres y a todas las autorías ninguneadas y menospreciadas por el patriarcado, nos posicionamos claramente y fuertemente como barrera de contención ante el avance de la idiocracia.

Por encima de todo, estos 10 años de club de lectura, hemos creado una comunidad, aunque esta palabra la haya usurpado también el sistema opresor. Somos colectividad de lectoras, que lloramos a solas y en público, que somos conscientes del poder transformador de las palabras, que aceptamos los cambios de paradigmas y podemos echar un paso atrás para que las jóvenes, la vanguardia, las que nacieron sin telarañas y sabiendo que los pájaros eran dinosaurios, nos indiquen el camino hacia ese mundo que soñamos. Juntas y en paz. #undiasinleeresundiaperdido