
Aunque hace ya muchos años que conozco a Raquel, precioso nombre por cierto, siempre me sorprende. Son muchas las facetas y los personajes que ha transitado, tanto profesional como literariamente. Sea esta reseña un aplauso para su carrera como poeta que se consolida con esta Piel muda, su segundo poemario.
En marzo, con motivo del Día Mundial de la Poesía, Raquel Paiz vino a la librería Un mundo feliz a nuestras sesiones de Leer Juntas Poesía con su anterior poemario, Conversaciones en la azotea. Es un gusto escucharla “declamar”, como ella nombra la lectura en voz alta y compartida de sus versos. Estar cerca de ella es contagiarse de su fuerza y de su valentía, que combina grácilmente con una honesta humildad. Ya en esta ocasión apreciamos rasgos que la identifican como el juego con las palabras, esos guiños a dobles y triples sentidos y, por supuesto, los paréntesis que optimizan el uso de los significantes. Por ejemplo, podríamos (re)pensar su estilo y (con)versar con ella sobre sus intenciones, pero sencillamente, vamos a (ad)mirar su obra.

Así, el pasado 6 de diciembre, fui con mi madre (y lo señalo porque fue ella quien me inició en esto del amor por las palabras) a la presentación en el Museo Memoria de Andalucía de Piel muda. Llenazo total, lo que hay que celebrar porque era puente, porque eran versos y porque la cultura de calidad parece que llega con dificultad al gran público. Una alegría ver a Raquel Paiz acompañada de otra genia de la ciudad: Susana Sarrión. Cada una desde su lugar se acercó a los duros e intentos temas que recorren estos poemas, permitiendo que la lectura posterior haya sido más profunda, más tierna, más sentida.

La muerte, el suicidio, la culpa o las adicciones son ejes que vertebran su obra. Raquel Paiz apuesta por la transformación en este libro. Piel muda es un llamamiento a celebrar la vida, a soltar lo que nos pesa, a dejar irse aquello que imposibilita la alegría. Cada lectora tendrá su visión, menos mal. Las cuestiones que más me tocan en este momento a mí son la pregunta por el ser, por quiénes somos o por las razones que tenemos en cuenta cuando tomamos decisiones. Un mundo oscuro, lleno de dolor el de los últimos tiempos, un dolor extenso, intenso y retransmitido en directo ante la pasividad de las espectadoras.

Este año lo he comenzado preguntándome por el sentido de la alegría, por la incompatibilidad de la honestidad y de la esperanza, he comenzado con un deseo de visibilizar la fortuna y el lugar privilegiado que ocupamos algunas de nosotras. Sin embargo, pienso que es más bien una estrategia de resistencia para que el dolor no se haga insoportable y caiga en la tentación de buscar el brillo o de acabar con el sufrimiento. Leyendo Piel muda siento que no estoy sola. Que somos muchas las que luchamos como podemos en cada momento por transformar las cosas y hacer de este tiempo un sitio habitable.


